Propuestas y soluciones del decrecimiento

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Gráfica propuesta por François Schneider que muestra a la frugalidad y la ecoeficiencia como salida al círculo infernal del crecimiento.[1] Fuente: François Schneider (février 2002) Point d'efficacité sans sobriété Mieux vaut débondir que rebondir (en francés), Silence No. 280.[1]

Las propuestas y soluciones del decrecimiento suelen exponerse, a rasgos generales, en tres grandes rubros: la esfera económica, la social y la esfera de la disminución del consumo y la ecotecnológica. Los decrecentistas suelen ver sus aspiraciones como un camino a seguir más que una meta a cumplir, es decir, suelen fijar un decrecimiento de los ritmos de consumo energético y material hasta un nivel que se acople a la velocidad natural de gestión de residuos y producción de recursos para posteriormente continuar con una etapa acrecentista que permita que las personas cubran sus necesidades básicas.

Así pues, los decrecentistas redefinen el significado del término sostenibilidad y calidad de vida:

  • Calidad de vida no es aquello que está ligado al aumento de consumo de recursos.[2]
  • La sostenibilidad no es sólo cuestión de ecoeficiencia sino de suficiencia humana (simplicidad voluntaria y frugalidad).
  • Únicamente la calidad de vida se asocia a la satisfacción de las necesidades humanas básicas: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, identidad, libertad, ocio, participación y creación.

Los ocho pilares del decrecimiento[editar]

En contraposición al abuso que hace el modelo capitalista del prefijo “hiper-”, que denota sobrexplotación, exceso o exageración, como “hiperactividad”, “hiperdesarrollo”, “hiperproducción”, “hiperabundancia”, etc.; Serge Latouche propone un sistema de soluciones bajo el prefijo “re-”, que denota repetición o retroceso, a los que ha nombrado como los pilares del decrecimiento o el modelo de las “8 R”:

  • Revaluar. Se trata de sustituir los valores globales, individualistas y consumistas por valores locales, de cooperación y humanistas.
  • Reconceptualizar. Encaminado sobre todo a la nueva visión que se propone del estilo de vida, calidad de vida, suficiencia y simplicidad voluntaria ya mencionadas.
  • Reestructurar: Adaptar el aparato de producción y las relaciones sociales en función de la nueva escala de valores, como por ejemplo, combinar ecoeficiencia y simplicidad voluntaria.
  • Relocalizar: Es un llamamiento a la autosuficiencia local con fines de satisfacer las necesidades prioritarias disminuyendo el consumo en transporte.
  • Redistribuir: Con respecto al reparto de la riqueza, sobre todo en las relaciones entre el norte y el sur.
  • Reducir: Con respecto al cambio del estilo de vida consumista al estilo de vida sencilla y todas las implicaciones que esto conlleva.
  • Reutilizar y Reciclar: Se trata de alargar el tiempo de vida de los productos para evitar el consumo y el despilfarro.
Para la bioeconomía los subsistemas sociales humanos y económicos están subordinados a la biósfera y no al contrario. Cuando esos subsistemas tratan de imitar las soluciones dadas por la naturaleza se habla de biomimesis.

Aspectos ecológicos y tecnológicos[editar]

Plantilla:VT Los decrecentistas suelen depositar sus esperanzas en las energías alternativas renovables como la energía geotérmica, solar, eólica y otras con bajo o nulo nivel de contaminación. Pero suelen sostener que la mejor vía para que los países desarrollados puedan proteger el medio ambiente no es solo la creación de tecnologías verdes sino disminuir radicalmente el consumo de energía, implicando un decrecimiento de los intercambios de materias entre la humanidad y la naturaleza.

Diferencias entre efecto rebote y efecto debote. Fuente: François Schneider (2003) L’effet rebond , l’Ecologiste, Edition française de The Ecologist n°11, Vol 4, n°3, p45.[3]

Efecto debote o eficiencia complementada con frugalidad[editar]

Mientras que se plantea al efecto rebote como un fenómeno negativo tras la implementación de tecnologías nuevas y eficientes, la propuesta de François Schneider del efecto debote plantea la combinación de la ecoeficiencia y frugalidad (simplicidad voluntaria),[3][1] es decir, para que se de un efecto positivo no basta con implementar tecnologías eficientes o verdes sino que también se deben adoptar los nuevos paradigmas de lo que significa la suficiencia y la calidad de vida.[3][1] Al existir una mayor conciencia tales tecnologías no se verían sobrepasadas como cuando si sucede con el crecimiento constante debido a la demanda de un estilo y calidad de vida consumista.[3]

Dicho de otra manera todo lo anterior, la innovación que en el efecto rebote solo se ha focalizado en los productos y servicios, ahora debe dejar paso a la innovación en el «estilo de vida» para lograr una reducción importante del consumo. Schneider apunta que en relación a los «consumidores soldado» es necesario negarse a participar, de desertar del estilo de vida consumista para que otro tipo de economía se desarrolle basado en la ayuda mutua, la convivialidad, la respuesta a las verdaderas necesidades y no a aquellas creadas por la publicidad y la moda.[4]

Por otro lado, Illich habla de la dificultad de un cambio en este orden pues los valores industriales entorpecen una adecuada visión de las estructuras de los medios sociales y de las distintas vías alternativas como imaginar que se puede ganar en rendimiento social lo que se pierde en rentabilidad industrial.[5]

Otros aspectos[editar]

Plantilla:VT Para los decrecentistas es importante, sobre todo en los países ricos dependientes de energías fósiles, pasar de la agricultura intensiva o productivista a la agricultura ecológica, adoptar medidas como el reciclaje y preservar los bienes ya creados en lugar de producir cada vez más (véase más adelante).

Mientras tanto, otros proponen al concepto de biomimesis como la mejor solución para encontrar los satisfactores adecuados que pudiesen cubrir las necesidades humanas básicas de forma sostenible. La biomimesis implicaría que los sistemas sociales humanos y económicos, al imitar las soluciones dadas por la naturaleza, estén subordinados al entorno y no al contrario.

Aspectos económicos[editar]

Indicadores de desarrollo alternativos[editar]

El concepto de «decrecimiento» nace como contestación al concepto de crecimiento económico y su herramienta principal de medida: el PIB. Como ya se menciona, sus defensores opinan que el PIB no es una medida correcta para evaluar el crecimiento de una sociedad, pues tan solo tiene en cuenta el aumento de la producción y la venta de bienes y servicios sin tener en cuenta el bienestar, la salud de los ecosistemas y los desequilibrios climáticos. Así, esta ideología prefiere emplear otros índices de desarrollo alternativos como el Indicador de Desarrollo Humano, el Índice de Desempeño Ambiental o la Huella ecológica mencionada anteriormente.

Para la organización del Fondo Mundial para la Naturaleza, los criterios mínimos de sustentabilidad son un índice de desarrollo humano mayor a 0,8 y una huella ecológica menor a 1,8 Ha per cápita. Cuba sería el único país del mundo que cumpliría con tal criterio en el año 2006 y probablemente desde 2007 también Perú y Colombia.[6]

Sin embargo, Latouche apunta que el implemento de los indicadores de desarrollo alternativo son un termómetro adecuado que permite medir con más exactitud la magnitud de la enfermedad, pero en sí no son la cura. Igualmente, Latouche argumenta que se tratan de instrumentos que evalúan la riqueza con el interés de provocar otro tipo de riquezas.[7]

Huella ecológica (eje horizontal) frente al Índice de Desarrollo Humano (eje vertical) por países, comparado con el límite de la biocapacidad del planeta y de la calidad de vida aceptable (líneas rojas) en 2005. El área de color verde indica los criterios mínimos para la sustentabilidad.

Relocalización de las economías[editar]

Aunque entre decrecentistas existe un claro consenso a favor de la necesidad de relocalizar las economías, en el seno del movimiento existen diversas tendencias sobre el carácter económico a adoptar.

Unos proponen salir del capitalismo aunque manteniendo el mercado mediante el empleo de monedas locales.[8][9] Para Federico Demaria unas monedas locales sin intereses, de forma que no generen deuda, serían una herramienta muy eficaz para relocalizar las economías y sería positivo desde un punto de vista ecológico ya que haría más eficiente la producción y el consumo a nivel local, a la vez que se generarían fuentes de trabajo a esa escala.[9] También se propone la creación de dos monedas, una moneda comunitaria para cada localidad que sirva para la relocalización de los procesos productivos a pequeña escala, haciéndolos más autónomos, y otra moneda estatal o dinero público que pueda servir para el intercambio comercial entre comunidades y para satisfacer necesidades públicas a gran escala como financiar una renta básica o una garantía de empleo, o para subsidiar cooperativas, servicios de cuidado, la conservación ambiental o las energías renovables.[10] Por su parte, Latouche habla de la utilización tanto de monedas locales como de monedas que se funden o que no sean convertibles (tíquets, bonos, etc).[11] Sin embargo, asimismo opina que no se debería caer en la trampa de asignarle a todo un valor mercantil, como opinan los anarquistas ultraliberales y los cálculos que ya existen sobre el valor monetario del voluntariado, la biodiversidad, las relaciones amorosas, entre otras cosas.[11]

Por otro lado, otros proponen monedas sociales locales con tasas de interés negativo o con fechas de caducidad de modo que sean un medio de intercambio y no de reserva, estimulando su circulación y evitando la acumulación en unas cuantas manos.[12][13] En cambio, unos aún van más allá pidiendo la abolición del dinero, el salario, los precios, las leyes económicas, etc.Plantilla:Cita requerida

Aspectos sociales[editar]

Así pues, y como conclusión a lo anteriormente explicado, el decrecimiento tiene, aparte de la dimensión ecológica y económica, una dimensión social y cultural.

Decrecimiento sostenible[editar]

Autores como Clémentin y Cheynet, emplean esta acepción para distinguir entre decrecimiento sostenible e insostenible.[14] El decrecimiento insostenible o caótico es aquel donde las condiciones ecológicas se ven mejoradas a expensas del detrimento de las condiciones sociales tras crisis o colapsos societales. En lo que respecta al decrecimiento controlado, a su vez distinguen que si es intentado de "arriba a abajo" existe el riesgo de engendrar un régimen ecototalitario (ecofascismo). Por lo tanto, proponen que la solución verdadera a un "decrecimiento sostenible" es aquel donde se haga un llamamiento a la responsabilidad de los individuos, es decir, el cambio debería ser de "abajo a arriba" de forma que se evitaría una crisis social que pusiera en cuestión la democracia y el humanismo.[14][15] Para tal efecto, cada individuo tendría que entender el nuevo significado del estilo y calidad de vida antes ya mencionado (simplicidad voluntaria). Estos autores también definen al decrecimiento sostenible como el intento de una civilización sobria y austera cuyo modelo "económico saludable" asuma la finitud del planeta.

Aducen que un ejemplo de decrecimiento caótico o insostenible es el que ha tenido lugar en Rusia desde 1990, como consecuencia de la desindustrialización no buscada o deseada. En cambio, mencionan como ejemplo de intentos de control de "arriba a abajo" aquellos regímenes totalitarios en Europa que se establecieron después de la gran depresión.[14]

Mencionan que Eward Goldsmith propone la reducción a un ritmo del 4% durante 30 años como forma probable de escape a la crisis climática, pero distan de verla como solución sociológica debido a los riesgos ya enumerados (crisis, ecofascismo).

En el mismo plano de todo lo anterior, André Gorz menciona que una "reestructuración ecológica" sólo puede agravar la crisis del sistema, pero también argumenta que si no se rompe de manera radical con los paradigmas económicos que vienen desde el siglo XIX existe la imposibilidad de evitar el cambio climático. Por tanto, Gorz ve al decrecimiento como un imperativo de supervivencia.[16]

Al igual que Clémentin y Cheynet, Gorz supone que un cambio correcto iría en el sentido de adoptar otra economía, otro estilo de vida, otra civilización y otras relaciones sociales, pero sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos y repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. De esa manera Gorz ve con interrogantes como se pudiese dar la salida al capitalismo y el ritmo en que esto pudiese suceder. Argumenta que ante la situación de extralimitación las posibilidades se restringen a dos, o saliendo de forma civilizada o de forma bárbara.[16]

Mientras tanto, Bonaiuti argumenta que la reducción drástica del consumo provocaría malestar social, desocupación, y en última instancia el fracaso de la políticas económico-ecológicas alternativas. Propugna, en consecuencia, desplazar los acentos hacia lo que llama “bienes relacionales” y una economía solidaria. Se entiende, pues, que el decrecimiento material tendría que ser un crecimiento relacional, convivencial y espiritual.

Decrecimiento y países en desarrollo[editar]

Ya en 1973, el Presidente de la Comisión Europea Sicco Mansholt mostraba preocupación por la desigualdad entre naciones, argumentando que si no se conseguía una tasa de crecimiento cero la distancia y las tensiones entre naciones ricas y pobres sería cada vez mayor.[17]

La propuesta decrecentista es que los países del Sur sigan su propio camino sin imitar el modelo de desarrollo occidental que se muestra poco válido para proporcionar bienestar a las personas en armonía con la naturaleza. Para ese desarrollo hablan de «ecodesarrollo», con el que pretenden alcanzar un crecimiento cualitativo y humano bajo los aspectos materiales ya limitados. Tal crecimiento consta del desarrollo del bienestar, de la educación y de las reglas de funcionamiento de la comunidad armoniosas, entre otras cosas.

Cambios en el Norte, pago de la deuda del crecimiento[editar]

Para el grupo de países ricos en relación a los países del sur los decrecentistas proponen diferentes medidas encaminadas, como anteriormente se ha mencionado, a disminuir drásticamente el consumo, relocalizar las economías, emplear las tecnologías y estrategias energéticas eficientes. Para lograr tales metas, según Giorgio Mosangini, se requeriría cumplir con los siguientes puntos:

  • Reducir el flujo de recursos materiales y energéticos del Sur al Norte. Para esto el norte debe pasar a economías fotosintéticas basadas en el aprovechamiento de flujos descartando gran parte de los componentes del sistema de transporte, de industria y agricultura.[18]
  • Implementar modelos agroecológicos en el Norte. Se trata de pasar a una agricultura intensiva o productivista petrolera (tractores, fertilizantes, agroquímicos, transportación, etc.) a una agricultura biológica de producción de alimentos a escala local, respetando los ciclos de regeneración natural y absorción de desechos.[18]
  • Concebir los productos industriales como bienes durables y no como bienes de consumo, es decir, se trata de pasar de la continua extracción de materiales-energía para producir más bienes al reciclaje y el mantenimiento de los bienes ya existentes.[18]
  • Establecer mecanismos de compensación de la deuda del crecimiento para paliar los efectos adversos generados por el crecimiento como el exceso de emisiones de dióxido de carbono, los pasivos ambientales y la contaminación por residuos tóxicos.[18]
  • Colaboración Norte-Sur. Intercambio de conocimientos y prácticas sostenibles que puedan ser útiles para el Sur, teniendo en cuenta de que pueden tener procesos sostenibles propios que no han perdido.

Cambios en el Sur, los pilares alternativos[editar]

Para el grupo de países pobres, dice Latouche, es necesario abandonar la idea de desarrollo exportada por los países ricos, para recuperar la autonomía que tenían antes de ser colonizados.[19] También menciona que probablemente estos países no habría necesidad de reducir la huella ecológica, ni siquiera el PIB, puesto que muchos de estos operan debajo de ese umbral (<1,8 Ha per cápita), pero si que tendrían que adoptar los valores de una sociedad convivencial por encima de los valores de una sociedad mercantil.[19] Así pues para el Sur también vale el círculo de las "8-R" pero se agregarían otras erres que consisten en romper, renovar, reencontrar, reintroducir y recuperar.[19]

Tipo de deuda del crecimiento Mecanismos de compensación.
Deuda económica
  • Romper con la dependencia económica y cultural del Norte.[19]
  • Reintroducir los productos específicos olvidados o abandonados y los valores "antieconómicos" ligados a su historia.[19]
Deuda histórica
  • Renovar y retomar el hilo de una historia interrumpida por la colonización, el desarrollo y la globalización.[19]
Deuda cultural
  • Reencontrar y reapropiarse de una identidad cultural propia recuperando las técnicas y los saberes tradicionales.[19]
Deuda social Establecer los anteriores mecanismos de compensación de la deuda del crecimiento de los países del Norte y su impacto en las condiciones de vida, de salud, y de derechos humanos de las poblaciones del Sur.[18]
Deuda ecológica Establecer los anteriores mecanismos de compensación de la deuda del crecimiento para paliar los efectos adversos generados por el crecimiento como el exceso de emisiones de dióxido de carbono, los pasivos ambientales y la contaminación por residuos tóxicos.[18]

El propio Latouche ha vivido en África y aporta sus reflexiones sobre el fracaso al querer implantar allí el modelo de desarrollo occidental, indicando que en África existe un funcionamiento paralelo aeconómico, basado en lo social, las relaciones con la familia, las amistades, la religión, los vecinos, la obligación de dar y compartir, recibir y devolver, etc. las prácticas milenarias de negociación, donación, regateo, intercambio. [20]

Solución decrecentista por regiones del mundo basada en la huella ecológica y consumo energético per cápita. En tonos en color rojo aquellas regiones que necesitan disminuir su huella ecológica A) Estados Unidos y Canadá, B) Rusia, C) Japón, D) Unión Europea (1°-15° lugar) E) Medio Oriente, F) Unión Europea (16°-27° lugar), G) países que antes integraban parte de la URSS, H) otros países Europeos y Turquía y I) China. En tonos en color verde aquellas regiones con una huella ecológica apropiada J) Latinoamérica y las Antillas, K) resto de Asia y Oceanía, L) África e M) India. Otros reportes estiman que la mayoría de los países de Latinoamérica (número 10) ya están dentro del grupo de las regiones que necesitan disminuir su huella ecológica.

Decrecimiento y el crecimiento demográfico[editar]

Ivan Illich ya en 1973 consideraba que el crecimiento demográfico, la sobreabundancia y la perversión de la herramienta, son las tres fuerzas que se conjugan para poner en peligro la estabilidad ecológica.[21] Así mismo, desde aquel entonces Illich, y citando a Paul Ehrlich, mencionaba lo controversial que resulta el intento del control natal ya que se está expuesto a ser tildado de «antipoblación y antipobre».[21] Sin embargo, Illich termina concluyendo que «la superpoblación es el resultado de un desequilibrio de la educación, que la sobreabundancia proviene de la monopolización industrial de los valores personales y que la perversión de la herramienta es efecto ineluctable de la inversión de los medios en fines».[21]

Después de la época del segundo auge del decrecimiento (después de Francia, 2002) la controversia sobre el control natal sigue vigente entre decrecentistas y, a grandes rasgos, se vislumbran dos tendencias según la esfera cultural y geográfica. Los decrecentistas de Europa latina, como por ejemplo Joan Martínez Alier, Giorgos Kallis o Iñigo Antepara, tienden a hacer un acentuación en la problemática del exceso de consumo por parte de los países ricos,[22][23] llegando a tildar al problema de la superpoblación como un mito derivado de un análisis muy simplificado de la ecuación del impacto ambiental.[22][23] Por otro lado, los decrecentistas de la esfera cultural anglosajona, como Richard Heinberg, David Suzuki o Holly Dressel, abordan la problemática del desequilibrio ecológico desde una perspectiva más multidimensional, llegando a incluir como factor importante también al tema del crecimiento demográfico.[24][25]

Para los decrecentistas europeos, como Joan Martínez Alier o Giorgos Kallis, el decrecimiento no se inspira en las ideas del control natal de Malthus, sino en el neomaltusianismo anarcofeminista del siglo XX, como el de Emma Goldman, Madeleine Pelletier o Françoise d’Eaubonn, quienes abogaban que el control natal es una decisión meramente femenina al reclamar el control sobre sus cuerpos para no «producir un ejército de reserva barato y prescindible de mano de obra para las fábricas capitalistas, ni carne de cañón para los militares imperialistas».[10][23][26] Igualmente, Holly Dressel apunta que cualquier debate acerca de la limitación de la población tendrá que provenir preferentemente de las mujeres, ya que son las más implicadas en el tema.[23]

Para William Rees, economista quien desarrolló el concepto de huella ecológica, dijo a la audiencia de la conferencia del decrecimiento 2012 de Montreal que el crecimiento continuo, ya se trate de la población o la economía, es una anomalía.[27] Por si sola, la noción de la huella ecológica que incluye el decrecimiento como indicador va imponiendo una pauta y un límite según un determinado número de población. Este límite de la huella ecológica o biocapacidad se mide dividiendo el total de las hectáreas globales, que aproximadamente son unas 13 mil millones, entre el número de habitantes en el planeta en un momento dado. Nótese que, por ejemplo, en el año 1975 había unos 4 mil millones de personas y la huella ecológica era más o menos de 3,25 hectáreas per cápita mientras que, para 2011, esta huella se había reducido a 1,8 hectáreas por habitante pues la cantidad de personas ya había ascendido a 7 mil millones. Al respecto, Richard Heinberg apunta que si la economía se reduce pero la población sigue aumentando habrá una tarta más pequeña que repartir entre más gente y que, por otra parte, la contracción económica implicará menos penurias si la población deja de crecer y empieza a disminuir. Heinberg aboga por la promulgación de políticas no coercitivas que promuevan las familias pequeñas y la no reproducción; empleando en lo posible incentivos sociales en lugar de monetarios.[24]

No obstante, la Global Footprint Network hace una distinción entre el concepto de capacidad de carga terrestre y huella ecológica. A diferencia de la mayoría de los animales, el humano es un animal de hábitos y niveles de consumo muy variados siendo difícil calcular su capacidad de carga. En lugar de preguntar cuánta gente puede vivir en el planeta, la Huella Ecológica hace la pregunta al revés y considera solo años presentes y pasados.[28] Dicho de otra manera, la Global Footprint Network propone a la huella ecológica como un índice únicamente de carácter retrospectivo y no prospectivo.

Finalmente, William Rees concluye que un 80% de la huella ecológica humana es atribuible al alto consumo de los países ricos y un 20% a otras causas, como el incremento demográfico y otros factores.[27]

Organización en la sociedad[editar]

La economía de mercado controlada o regulada tendría que evitar todo fenómeno de concentración, lo que, a su vez, supondría el fin del sistema de franquicias y grandes superficies comerciales. Potenciaría el fomento de un tipo de artesano y de comerciante que es propietario de su propio instrumento de trabajo y que decide sobre su propia actividad. Se trataría, pues, de una economía de pequeñas entidades y dimensiones (local), que, además no tendría que generar publicidad. Por lo tanto, sería el fin de los productos manufacturados baratos de importación: el fin de la globalización, pues.

La producción de equipos que necesita de inversión sería financiada por capitales mixtos, privados y públicos, también controlados desde el ámbito político. Y el modelo alternativo introduciría, además, la prohibición de privatizar los servicios públicos esenciales (acceso al agua, a la energía disponible, a la educación, a la cultura, a los transportes públicos, a la salud y a la seguridad de las personas).

Para establecer una auténtica justicia social, según la visión de André Gorz, se tiene que acabar con los privilegios de unos hombres sobre los demás. Para él, la pobreza es relativa; por ejemplo, eres pobre en Vietnam cuando andas descalzo, en China cuando no tienes bici, o en Francia cuando no puedes comprarte un coche: todo el mundo es el pobre o el rico de un otro. Sin embargo, cómo organizar este decrecimiento es un tema muy delicado.

Para Gorz, en la sociedad capitalista, donde se dan parámetros no igualitarios, el crecimiento se plantea como una promesa ilusoria y el no-crecimiento como condena a la mediocridad. Gorz argumenta que el mayor problema no es en si el crecimiento, sino el comportamiento de competición que organiza incitando a las personas a querer situarse, cada una, por encima de los demás.[29]

Hay que destacar que existen diversas formas de cómo aplicar estas ideas. Se deducen dos tendencias principales: una que pone el acento en la autogestión de las comunidades, y otra que permite una cierta planificación "central" de tendencia socialista.

Soluciones de autogestión[editar]

Unos, como Serge Latouche o Federico Demaria, suelen ver la necesidad de la relocalización y la autogestión saliendo del capitalismo pero manteniendo el mercado. Abogan por un modelo descentralizado que permita la participación de los ciudadanos a nivel local para hacer posible la soberanía energética y alimentaria. Así pues, se trataría de un cambio progresivo, no drástico, de un sistema por otro de forma que no genere una crisis social o de que se tratase de medidas de control centralizado que atenten en contra del humanismo y la democracia (decrecimiento sostenible).

Por otro lado, para Carlos Taibo el decrecimiento se engloba dentro de un movimiento anticapitalista más amplio que aboga por la defensa de la propiedad colectiva y autogestionada al mismo tiempo que se hacen acompañar de medidas que cancelan la ilusión del crecimiento indiscriminado.

Advierte de la existencia de eventuales modulaciones del decrecimiento que no se revelan manifiestamente anticapitalistas y declara su alejamiento de esas vertientes. Para Taibo, todo movimiento anticapitalista en el Norte, por necesidad, debe ser decrecimentalista, autogestionario y antipatriarcal.

Soluciones de planificación central[editar]

Otros en cambio recomiendan planes de producción centralizados pues cuanto más pequeñas sean las unidades de producción empleando modelos autogestionados, menor serán las posibilidades de producir bienes más complejos.

André Gorz se encuadra en esta tendencia, que considera que una planificación central sería interesante para las comunidades.[29] Gorz imagina bienes inmuebles colectivos y una gran industria, planificada centralmente, que se limitaría a producir bienes complejos estandarizados orientados a ser pensados como bienes durables y no como bienes de consumo.[30] En este escenario el mercado necesariamente tendría que desaparecer pues la gran variabilidad de productos caros, frágiles y devoradores de energía desaparecería por la estandarización, la disminución del tiempo laboral y la consiguiente libertad de tiempo de estos para producir los productos superfluos en función de sus gustos y deseos.[30][31]

Gorz entiende este nuevo tipo de concepto “utópico” como la forma más avanzada y no como la más frustrada de lo que debe ser el socialismo.

Reducción de la jornada laboral[editar]

Latouche recalca los efectos sociales positivos que implicaría el decrecimiento. Para él, una reducción fuerte del tiempo de trabajo, que permitiera reducir la producción total y un mayor y mejor reparto del trabajo entre toda la población activa, es fundamental. Es importante comprender que la reducción del trabajo en ningún caso es diseñada para aumentar la productividad y el crecimiento, sino que debe de ser tan fuerte que sea capaz de reducir la producción total. El ideal para Latouche, sería pasar a trabajar una jornada laboral 3 o 4 horas al día. La solución propuesta por André Gorz es pasar de un cómputo anual en el calendario laboral de unas 1600 horas (en el caso francés) a un cómputo anual de 1000 horas para que se cumplieran dos objetivos principales:[32]

  • Que una proporción mucho más importante de la población pueda acceder a tareas profesionales cualificadas, complejas, creativas, responsables que les permitan evolucionar y renovarse continuamente.
  • Que todo el mundo trabaje cada vez menos para que todos puedan trabajar (Pleno empleo) y desarrollar fuera del trabajo las potencialidades personales que sólo se llegan a realizar fuera del mismo.

Así, salir de la llamada sociedad del trabajo, ayudaría a reducir la exclusión social de los parados, a desarrollar las relaciones sociales fuera del ambiente del trabajo (la familia, los amigos...)

El ideal de la alternativa del decrecimiento sería también una sociedad donde el consumo de mercancías ocupe una plaza no dominante en el empleo del tiempo libre, donde el ocio no sea sinónimo de consumo, y el mismo consumo se haga de otra forma, primando los productos locales y artesanales frente a los de origen lejano y de serie, en la fabricación de los cuales el productor no tiene la oportunidad de realizarse.

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 1,2 1,3 François Schneider (février 2002) Point d'efficacité sans sobriété Mieux vaut débondir que rebondir (en francés), Silence No. 280, Consultado el 14 de abril de 2010.
  2. Taibo, Carlos (25 de noviembre de 2008) Conferencia sobre Decrecimiento enmarcada dentro de las jornadas "¿Como te defiendes tú de la crisis?" de CNT-Córdoba. Consultado el 13 de mayo de 2010 ¡Ojo!, que el decrecimiento en las actividdes económicas debe traducirse en el crecimiento de algunas actividades. ¿En qué estoy pensando? En algunas que tienen que ver con la satisfacción de las necesidades insatisfechas, y no con el sobre-consumo y el despilfarro. En aquellas que tienen que ver con la preservación del medio ambiente, con el bienestar de las generaciones futuras, con la salud de los consumidores y con las condiciones de trabajo. El proyecto de decrecimiento en este ámbito tiene que combinarse con un proyecto claro de redistribución.
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 Schneider, François (Octobre 2003). «L’effet rebond» (en francés). l’Ecologiste 4 (3). http://decroissance.free.fr/Schneider_l_Ecologiste.pdf. Consultado el 13 de abril de 2010. 
  4. [1] Web de François Schneider con artículos técnicos sobre el decrecimiento (en francés)
  5. Illich, Ivan. La Convivencialidad. «La definición industrial de los valores entorpece extremadamente la posibilidad del usuario de percibir la estructura profunda de los medios sociales. Le es difícil captar que existe una vía distinta, que no es la alienación del trabajo, la industrialización de la falta y la supereficiencia de la herramienta. Le es difícil imaginar que se puede ganar en rendimiento social lo que se pierde en rentabilidad industrial.» 
  6. Cf. WWF – World Wide Fund for Nature (2006) Living Planet Report 2006, pág. 21. Consultado el 3 de mayo de 2010
  7. Latouche, Serge, La apuesta por el Decrecimiento, p. 46, «sin embargo, ¿permite esto resolver los problemas? Es cierto que si el termómetro está estropeado, vale más cambiarlo para seguir la evolución de la enfermedad; pero si ésta es grave, ni el mejor termómetro del mundo será capaz de curarla. [...] concluyendo que evaluar la riqueza de otra manera solo tiene interés si se trata de provocar otro tipo de riqueza» 
  8. «Serge Latouche advierte que el modelo económico actual conduce directamente al desastre» (marzo de 2007). Archivado desde el original, el 20 de junio de 2007. Consultado el 22 de marzo de 2010.
  9. 9,0 9,1 Federico Demaria, Daniel Jiménez (5 de abril de 2010). «El decrecimiento como alternativa al desarrollo sostenible». Consultado el 28 de abril de 2010. «Si vamos al centro de la cuestión, hay un problema muy concreto del sistema financiero, y es que el crecimiento económico requiere siempre un proceso de endeudamiento. Estas deudas se generan porque los bancos privados ofrecen créditos a un determinado tipo de interés, lo cual permite a su vez la creación de dinero artificial. De hecho, alrededor del 95% del dinero en circulación es creado directamente por los bancos a través de créditos sin que haya un respaldo de dinero real detrás. Por tanto, nuestra primera propuesta debe ser eliminar este sistema del dinero deuda. El crédito debería ser respaldado por dinero real para que el sistema ya no pueda crear deudas de la nada. Por ejemplo, a través de la introducción de un moneda local sin intereses que no genere deuda. Esta moneda también es una herramienta muy eficaz para relocalizar a su vez la economía, lo cual es muy positivo desde un punto de vista ecológico, ya que siempre es mucho más eficiente la producción y el consumo a nivel local, y además permite la generación de trabajo a escala local.».
  10. 10,0 10,1 Giacomo D,alisa, Federico Demaria, Giorgos Kallis (2014) Decrecimiento, un vocabulario para una nueva era. Icaria Antrazyt. Consultado 22 de junio de 2015
  11. 11,0 11,1 Latouche, Serge, La apuesta por el Decrecimiento, p. 46 
  12. Romain (23 de marzo de 2010) Definiciones: Gestión económica práctica, Deshazkundea. Consultado el 28 de abril de 2010
  13. Decrecimiento.info (20 de noviembre de 2009) La moneda social ECO. Consultado el 28 de abril de 2010
  14. 14,0 14,1 14,2 Colectivo Revista Silence (2006). Objetivo Decrecimiento. LEQTOR. ISBN 84-935020-3-0. http://www.iusiero.org/spip.php?article211. Consultado el 22 de marzo de 2010. 
  15. Francisco Fernandez Buey (2 de octubre de 2008). «¿Es el decrecimiento una utopía realizable?». Kaosenlared. Consultado el 22 de marzo de 2010.
  16. 16,0 16,1 André Gorz, La salida del capitalismo ya ha empezado, 27 juillet 2008. [2], Ecorev' n°28, consultada el 15 de diciembre de 2009
  17. «Decrecimiento sostenible». Revista Ecología Política (35). junio de 2008. «Para mí, la cuestión más importante es cómo podemos alcanzar un crecimiento cero en esta sociedad. [...] Si no lo conseguimos, la distancia, las tensiones entre las naciones ricas y pobres será cada vez mayor. Me preocupa si conseguiremos mantener bajo control estos poderes que luchan por el crecimiento permanente. Todo nuestro sistema social insiste en el crecimiento». 
  18. 18,0 18,1 18,2 18,3 18,4 18,5 Giorgio Mosangini (2007). «La deuda del crecimiento, Col·lectiu d'Estudis sobre Cooperació i Desenvolupament». Consultado el 26 de abril de 2010.
  19. 19,0 19,1 19,2 19,3 19,4 19,5 19,6 Latouche, Serge (2008). La apuesta por el decrecimiento: ¿cómo salir del imaginario dominante?. Icaria Editorial. ISBN 8474269849. http://books.google.com.mx/books?id=E_3qkEVY83AC&printsec=frontcover&dq=la+apuesta+por+el+decrecimiento&cd=1#v=onepage&q&f=false.  Consultado el 26 de abril de 2010
  20. Latouche, Serge (2007). La otra África: autogestión y apaño frente al mercado global. Oozebap, Colección Pescando husmeosnº2. ISBN 84-611-4830-4. 
  21. 21,0 21,1 21,2 Ivan Illich (1978) La convivencialidad, Consultado 24 de junio 2015 «Generalmente se considera que el crecimiento demográfico, la sobreabundancia y la perversión de la herramienta, son las tres fuerzas que se conjugan para poner en peligro el equilibrio ecológico. Paul Ehrlich subraya el hecho de que si, honestamente, se quiere controlar la explosión demográfica y estabilizar el consumo, está uno expuesto a ser tratado de «antipoblación y antipobre». Insiste: «medidas impopulares, que límiten a la vez los nacimientos y el consumo, son la única esperanza que tiene la humanidad de evitar una miseria sin precedente»».
  22. 22,0 22,1 Iñigo Antepara (2012) El mito de la superpoblación decrecimiento.info, Consultado 24 de junio 2015 «Afortunadamente, instituciones como el LSHTM evitan análisis tan simplistas en estudios como su recientemente publicado “El peso de las naciones: Una estimación de la biomasa humana adulta”. Muy resumidamente, a Estados Unidos (5% de la población mundial) le corresponde casi un tercio del peso mundial debido a la obesidad. En contraste, Asia es hogar del 61 por ciento de la población mundial, pero solo representa 13 por ciento del peso de los habitantes del planeta. Así que a la hora de calcular el impacto, todo individuo no tiene el mismo “peso” (ni fisiológicamente, ni a la hora de ponderar)»
  23. 23,0 23,1 23,2 23,3 Suzanne York (May 30, 2012) Degrowth and Population Growth: Strengthening the Ties, HowMany.org. Consultado 26 de junio de 2015 «Joan Martinez-Alier, an economist and professor at Autonomous University of Barcelona, said in his plenary talk that the degrowth literature is not comfortable with discussing population. In his opinion, people don’t want to be seen as “Malthusian.” He felt that the degrowth movement should support women’s reproductive rights and build upon the idea of eco-feminism, based on works by Emma Goldman, Madeleine Pelletier, and Françoise d’Eaubonne in the 20th century».
  24. 24,0 24,1 Richard Heinberg (2014) Cómo reducir la economía sin quebrarla: un plan en diez puntos (traducido del artículo original en inglés), Post Carbon Institute. Consultado 24 de junio 2015 «Si la economía se reduce pero la población sigue aumentando, habrá una tarta más pequeña que repartir entre más gente. Por otra parte, la contracción económica implicará menos penurias si la población deja de crecer y empieza a disminuir. El crecimiento de la población lleva a la masificación y la hiper-competencia en todo caso. ¿Cómo conseguir el descenso de la población sin violar derechos humanos básicos? Promulgando políticas no coercitivas que promueven las familias pequeñas y la no reproducción; empleando en lo posible incentivos sociales en lugar de monetarios.»
  25. Suzanne York (May 30, 2012) Degrowth and Population Growth: Strengthening the Ties, HowMany.org. Consultado 26 de junio de 2015 «Perhaps the most anticipated plenary speech was given by David Suzuki, the award-winning Canadian scientist, environmentalist and broadcaster. He said that for most of human existence we were aware of our place in the natural world. In 1900 there were only 1.5 billion people on the planet; today there are 7 billion. Suzuki noted that there were never a billion mammals of any kind before (much less 7 billion). Due to technology and trade, we have broken this threshold».
  26. Giorgos Kallis (2014) [http://www.decrecimiento.info/2014/12/malentendiendo-el-significado-de.html Malentendiendo el significado de decrecimiento], Decrecimiento.info. Consultado 29 de junio de 2015
  27. 27,0 27,1 Suzanne York (May 30, 2012) Degrowth and Population Growth: Strengthening the Ties, HowMany.org. Consultado 26 de junio de 2015 «William Rees, an ecologist and ecological economist, told the audience that continuous growth, whether it be population or economic, “is an anomaly” [...] Rees, developer of the ecological footprint, said that about 80% of the human ecological footprint is attributable to high income consumers. Rich countries have “a moral and ethical responsibility” to curb consumption.».
  28. Global Footprint Network (2015) Preguntas frecuentes. Consultado 24 de junio de 2015
  29. 29,0 29,1 André Gorz (febrero 2000). «Leur écologie et la nôtre» (en francés). Eco'Rev. Consultado el 16 de marzo de 2010. «Mientras razonemos en los límites de esta civilización no-igualitaria, el crecimiento aparecerá a la gente como la promesa -sin embargo completamente ilusoria- que un día dejarán de ser “sub-privilegiados”, y el no-crecimiento como su condena a la mediocridad sin esperanza. Además, no es tanto al crecimiento hacia donde se tienen que dirigir las críticas, sino a la dinámica de necesidades crecientes y siempre frustradas sobre la que se apoya, a la competición que organiza incitando a las personas a querer situarse, cada una, por encima de los demás. El lema de esta sociedad podría ser: “lo que es bueno para todos no vale nada. No serás respetable mientras no tengas “mejor” que los demás. Sin embargo, es lo contrario lo que hay que afirmar para romper la ideología del crecimiento: solo es digno de ti lo que es bueno para todos. Solo merece ser producido lo que no da privilegios ni rebaja a nadie. Podemos ser felices con menos opulencia, pues en una sociedad sin privilegios, no hay pobres.».
  30. 30,0 30,1 André Gorz (febrero 2000). «Leur écologie et la nôtre» (en francés). Eco'Rev. Consultado el 16 de marzo de 2010. «Intenten imaginar una sociedad fundada en estos criterios. La producción de tejidos muy resistentes, de zapatos que duren años, de máquinas fáciles de reparar y capaces de funcionar un siglo, todo ello está, desde hace tiempo, al alcance de la técnica y de la ciencia de la misma forma que la multiplicación de instalaciones y de servicios colectivos (de transporte, de lavado, etc.) que nos libren de la compra individual de máquinas caras, frágiles y devoradoras de energía.[...]Imaginen también que la gran industria, planificada centralmente, se limita a producir lo necesario: 4 o 5 modelos de zapatos y de prendas que duren, 3 modelos de coches robustos y transformables, además de todo lo necesario para los equipamientos y servicios colectivos.».
  31. André Gorz (febrero 2000). «Leur écologie et la nôtre» (en francés). Eco'Rev. Consultado el 16 de marzo de 2010. «¿Es imposible en economía de mercado? Sí. ¿Sería el paro masivo? No: la semana de 20 horas, a condición de cambiar el sistema. ¿Sería la uniformidad y la monotonía? No, pues imaginen esto también: cada barrio, cada municipio dispone de talleres, abiertos día y noche, equipados de toda una gama tan completa como sea posible, de herramientas y máquinas, dónde los habitantes, individualmente, colectivamente o en grupos, producirán ellos mismos, fuera del mercado, lo superfluo, en función de sus gustos y deseos. Como sólo trabajarán 20 horas por semana (y puede que menos) para producir lo necesario, los adultos tendrán todo el tiempo de aprender todo lo que los niños aprenderán por su lado en la escuela primaria: trabajo de la madera, del cuero, de tejidos, de la piedra, de metales; electricidad, mecánica, cerámica, agricultura...».
  32. [Gorz, André (2007) Crise mondiale, décroissance et sortie du capitalismeEntropia nº2 Printemps ISSN ; 1954-2437 ]

Registro de importaciones[editar]